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MUSEO DE LA MOLINERIA 2018-12-17T11:56:07+00:00

Project Description

Museo de la Molinería

En la Comunidad de Madrid, en las zonas cercanas a los principales cursos fluviales se conservan restos de viejos molinos que en el pasado tuvieron un papel protagonista en la vida de los pueblos.

En el valle del Tajuña, al menos desde el siglo XII, se documenta la existencia de una importante red de molinos harineros hidráulicos que recorría el curso natural del río y que se mantuvieron en activo hasta los años sesenta del siglo pasado.

El Molino de la Huerta de Angulo es uno de estos molinos del Tajuña que, durante siglos, suministraron de harina a los pueblos de Las Vegas. El actual edificio data de principios del siglo XVIII, aunque se intuye la existencia de una edificación anterior que podría datar de dos siglos antes.

Con dos cuerpos superpuestos, el central contiene de mecanismo de molturación. Las dos alturas culminan en una cubierta de teja cerámica a cuatro aguas.

El edificio tuvo distintos propietarios y arrendatarios, siendo conocido a lo largo del tiempo como Molino de Abajo o Molino de la Huerta de la Vega, cuando pertenecería a la casa de Altamira, poseedora del señorío de Morata y propietaria también del batán de paños de la isla Taray.

En 1888, fue reformado por Diego María Jarava, mejorando sus prestaciones y relegando al abandono a otro artefacto del municipio, el Molino Hundido.

Pero fue a comienzos del siglo XX cuando la familia Mac Crohon amplió sus instalaciones con una turbina para la generación de energía eléctrica, que dio origen a la chimenea que ahora preside el edificio y que prestó servicio hasta el año 1984, cuando cayó en desuso.

Salvado de la ruina por iniciativa municipal, que adquirió el edificio y se propuso no solamente restaurarlo, sino dotar al viejo molino de una nueva y mejorada etapa de actividad, fue transformado en museo. Obsequiándole no sólo con todo aquello que lo hizo necesario en el pasado y que había perdido (su maquinaria y su funcionamiento) sino también de un nuevo y aún más importante carácter: el didáctico.

La adquisición del Molino por parte del Consistorio, en 1998, es una parte más del proceso de recuperación de los valores históricos, culturales y turísticos que puede ofrecer el enclave de Morata de Tajuña.

El Museo se divide en dos plantas repletas de maquinaria, elementos y aperos de molienda, y cartelas explicativas del proceso de su funcionamiento.

Una vez introducido el trigo entre las piedras molederas, protegidas por el guardapolvo para evitar su derrame, las incisiones practicadas en la superior dirigían el trigo molturado hacia la salida y al harnal o directamente a un saco o costal.

Al margen del trabajo fundamental de reparación y mantenimiento de todas las piezas y componentes del molino harinero, su responsable también debía hacerse cargo de la limpieza de las acequias del mismo para facilitar el máximo aprovechamiento del caudal de agua, no siempre abundante en todas las épocas del año.

El trabajo del Molinero

Desde tiempos inmemoriales, los habitantes de la vega del Tajuña han aprovechado el curso del río para moler el trigo y la cebada y obtener harina. Una tarea fundamental en toda comunidad y de la que se encargaba el molinero. Éste comenzaba su actividad con la limpieza del trigo, o de cualquier otro cereal, secándolo al sol para después llevarlo a la sala de molienda.

Frecuentemente, el grano pertenecía al cliente del molino, de modo que se hacía la conocida como “maquila”, es decir, se apartaba la parte correspondiente al molinero en pago a su trabajo. Este pago en especie se hacía siempre con las medidas tradicionales de la fanega, la cuartilla y el celemín, indispensables en un molino, y que oscilaban en función del precio del grano, de la época y de las características, entre el 4 y el 8% de la cantidad que se molía.

Tras verter el cereal en la tolva, éste descendía por la canaleta, regulada por el molinero para controlar la cantidad, hacia el ojo de la piedra moledera o volandera. De la habilidad y oficio del molinero dependía obtener una molienda de mayor o menor calidad con su manejo del alivio, su destreza en fijar la distancia de las piedras y en mantener éstas en buen estado con los trabajos de repicado.

Una vez introducido el trigo entre las piedras molederas, protegidas por el guardapolvo para evitar su derrame, las incisiones practicadas en la superior dirigían el trigo molturado hacia la salida y al harnal o directamente a un saco o costal.

Al margen del trabajo fundamental de reparación y mantenimiento de todas las piezas y componentes del molino harinero, su responsable también debía hacerse cargo de la limpieza de las acequias del mismo para facilitar el máximo aprovechamiento del caudal de agua, no siempre abundante en todas las épocas del año.

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Visitas

Horario de verano:  Sábados, domingos y festivos, de 11:30 a 14:30 horas y de 16 a 19 horas, del 1 de abril al 31 de octubre.

Horario de invierno: Sábados, domingos y festivos, de 11 a 15 horas y de 16 a 18 horas, del 1 de noviembre al 31 de marzo.

En dicho horario se realizarán visitas guiadas en las que se introducirá a los visitantes en el conocimiento del Molino de la Huerta de Angulo y su influencia en la vida de la localidad, entendiendo sus coordenadas espacio-temporales y el vocabulario sobre la instalación molinar.

Inscripciones: a través del correo electrónico museodelamolineria@uniges3.net, o en los teléfonos 684 45 23 02 y 91 873 03 80.

Fuera del horario habitual: Para Colegios, Institutos o grupos de más de 25 personas, concertar visita (precio: 1 euro).

Precio general: entrada gratuita

AVISO: Permanecerá cerrado en verano (julio, agosto y hasta el 15 de septiembre) y desde el 15 de diciembre al 15 de enero