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LA VIDA EN EL FRENTE 2018-02-24T14:48:41+00:00

Project Description

La Vida en el Frente

17 de junio de 1937.

“Colocamos el cañón en posición de tal forma que quede camuflado. Dormimos en las chabolas de las trincheras. Una extraña sensación al oír las balas silbando por encima de nuestras cabezas y golpeando en los sacos terreros. Duermo profundamente todo el tiempo. Me levanto a las 06:00. Los españoles nos dan café. Exploramos las trincheras. Es un laberinto enorme de calles, trincheras de comunicación y chabolas… Todo es un asunto increíblemente estúpido, primitivo sucio y bárbaro. La alimentación es buena, pero tenemos poca agua y no nos podemos lavar. Fuego esporádico durante todo el día. Los ingenieros se supone que vendrán por la noche a mejorar la posición de nuestro cañón y mejorar las trincheras un poco”

Testimonio de Fred Thomas. Voluntario del Batallón Británico.

Las condiciones de vida

En las trincheras, las condiciones de vida eran incómodas y muy duras. Los meses pasan lentamente con muchos momentos de aburrimiento y algunos de terror. Las tropas no permanecían en primera línea de forma continua, sino que rotaban entre las diferentes líneas defensivas cada cierto tiempo, aunque en el frente del Jarama algunas unidades llegaron a estar cinco meses en 1ª línea de fuego, con apenas un par de días de permiso en Madrid o de unas horas en Morata, sufriendo un desgaste muy grande.

Con la lluvia, el frío y el barro, las condiciones de vida en las trincheras se endurecían notablemente. Con las lluvias, las trincheras se inundaban de agua, aunque curiosamente había una falta de la misma para beber y lavarse.

En los primeros momentos tras la batalla, se construían refugios con la intención de tener un lugar donde dormir en las noches húmedas o donde resguardarse del sol abrasador, pero éstos se hundían al primer bombazo, debido a la falta de madera para apuntalarlos. No será hasta tiempo después cuando se mejoren estas condiciones.

Debido al frío se provocaban muchas bajas por causa del tifus, bronquitis, pulmonías, gripes y reumatismos. Son frecuentes los sabañones, que salían en manos, pies, nariz y orejas. También se producían muchas bajas debido al “pie de trinchera”, a causa de la larga exposición de las extremidades inferiores al frío o al agua, o por el sudor al no cambiarse de calcetines y botas durante mucho tiempo. Otro gran problema era la disentería, provocada por las aguas contaminadas.

El rancho

La comida llegaba casi siempre fría a la primera línea. La alimentación no era muy variada y muchas veces a base de garbanzos y lentejas, a los que se les echaba bacalao, carne de mulo u oveja; además de las eternas sardinas en lata. Los soldados sabían que se avecinaba una ofensiva cuando la comida mejoraba.

Las ratas y los piojos

Las ratas eran las reinas de la trinchera. Estaban por todas partes. Llegaban a cruzar las caras de los soldados mientras dormían y orinaban en el agua contaminándolo. Se llegaban a organizar cacerías para intentar acabar con ellas.

La falta de higiene hacía que en unos 10 o 15 días un soldado estuviera infestado de pulgas y piojos. El despiojamiento se convertiría casi en un acto social y se hacía de una manera regular, aunque sin conseguir eliminarlos nunca.

El ocio

Los soldados para distraerse hacen lo que pueden: juegan al fútbol, al dominó, o en el caso de los voluntarios internacionales al black-jack o al póker. El aburrimiento también se combatía escribiendo cartas a casa o leyendo periódicos que la mayoría  eran atrasados y que a veces se intercambiaban con el enemigo. Conversaban sobre cuestiones de sexo, fútbol, que harían cuando volvieran a casa, la comida, cuestiones políticas, o dormir y beber… El alcohol no faltó en el frente del Jarama, ya que aparte de la ración diaria de vino, se podía conseguir coñac o anís.

“Levantarse con las primeras luces del alba, desayunar, inspección de la compañía, limpiar el armamento, cavar trincheras, y abrir y llenar letrinas, almuerzo, llamada de tarde, patrullas nocturnas… No nos daban nada para leer excepto panfletos de propaganda, y los pocos libros que había, los habíamos leído ya demasiadas veces.”

Testimonio de Harry Fisher. Voluntario del Batallón Abraham Lincoln.